martes, 22 de enero de 2008

el loro que se volvió famoso en el barrio

¿Quien no ha tenido una mascota cuando niño?
Incluso yo he tenido, a pesar de que mi madre es una abierta detractora y opositora a todo animal, aún a pesar de eso he tenido una lorita de chibola, pececitos por 1 semana, y una tortuga por un día. Y definitivamente le agarras cariño a este ser que vive en tu casa, ahora que sé lo que son los perros cuando he vivido con la rata y hemos tenido unos 4 perros en diferentes temporadas pude saber que estos animales son lo máximo, pero bueno.. volviendo al tema, a pesar de mi corta experiencia con los animales, tuve una lora que era, según yo recuerdo la diversión de mi casa, esta lora era bien chévere, cantaba, imitaba lo que decíamos y no la teníamos en jaula por las tardes y saltaba por todos lados haciendo un gran show que nosotros mirábamos absortos y embobados a nuestros 4 ò 5 años.
Todas las tardes era lo mismo, la lora saltaba y hacía gala de todo su despliegue histriónico para nosotros, todos los días hasta ese día, en el que despertamos y ella no estaba en su jaula, preguntamos por ella y mamá nos dijo que había muerto, con cierta cara de asco y pena, y mi papá nos señaló una bolsa que nunca olvidaré de color azul que fungía de ataúd de nuestra mascota, no nos atrevimos a mirarla pero era terrible imaginar que era un pequeño bulto en la bolsa azul, tomamos desayuno bastante tristes y papá nos llevó a deshacernos del cadáver, que pensamos mi hermano y yo, tal vez mi hermano no y yo si, que sería como el entierro que le hicieron al gato del niño que ahorita no recuerdo su nombre, que era amigo de Alf, que le hicieron un funeral y todo, entonces así nos fuimos por ahí con papá, mi hermano y la bolsa azul, a la calle. Mi papá que siempre ha sido mudo en esos casos nos tomaba la mano y mientras caminábamos por las calles vimos que había en medio de la pista unos obreros arreglando una tubería, no lo recuerdo con exactitud, así que papá se acercó y tiró el cuerpo inerte de nuestra lora!! Noooo!! Ahora la pequeña bolsa azul se alejaba transportada por unas aguas que seguro habrían de estar sucias hacia el más allá. La miré irse muy triste, papá dijo que se iba a ir al cielo, y yo le creí porque de otra no me quedaba a pesar de que era muy jalado de los pelos pensar que el camino al cielo era por una tubería, metido en una bolsa azul, y bueno.. como a cualquier niño nos compraron alguna cosa y adiós, se nos olvidó el episodio, claro que las siguientes semanas recordé a mi lora por las tardes, en el intervalo de mis dibujos y juegos con mi hermano.

¿por qué recordé eso últimamente? Después de este preámbulo de mi infancia a los que tal vez ya están acostumbrados, les cuento, ésta: la historia verídica del loro Matías, bueno.. no conocí de el hasta hace unos días, cuando llegó una hoja de papel bond a4 con dos fotos de él a colores bajo mi puerta, una donde sale él solito y otra con su dueño, y abajo pidiendo que por favor en caso de verlo le avisemos al desesperado dueño a los teléfonos que ahí indican, con la siempre presente promesa de la recompensa en caso se llegue a encontrar al extraviado.
En cuanto la recibí me dio tanta pena, pensé en que el dueño tal vez era un niño que estaba muy triste por la desaparición de su pequeña mascota, pero de ahí empecé a pensar con mi otro lado, cómo carajo podría darme cuenta que el loro que encontrase en la calle era Matías? La descripción bajo la foto decía: “es un lindo y agradable loro de color verde (mmm) con plumas verdes también y con pequeños visos de plumas amarillas cuando abre las alas”. Le enseñé a la rata la hoja, y la rata que suele ser tan práctica y algunas veces cruel me dijo “que imbécil el tipo que ha mandado esto” a lo que yo respondí con un estás loco??? Pobrecito, se nota que quiere encontrar a su loro, acto seguido me la pasé todo el tiempo mientras salía por mi casa mirando al cielo y a los árboles por si veía a Matías, cosa difícil ya que soy bastante corta de vista, pero al menos hacía el intento, y cómo olvidarlo si todos los postes de la cuadra y alrededores están llenos de la foto del protagonista de esta historia.

Y bueno, eso fue mas o menos hace como 2 semanas, hasta hace unos 3 o 4 días me olvidé de Matías y lo di por perdido, pensé, si tanta gente se pierde, cómo no puede perderse un loro? Y le eché tierrita al asunto y dejé de filosofar sobre las aves y las desapariciones de mascotas y personas.

Pero el domingo la rata se fue a misa, cosa que no suelo hacer, y cuando volvió me contó que en la iglesia del parque había un gran alboroto porque en una de las palmeras estaba el dichoso loro por el que tanto me preocupé durante una semana y media por lo menos.. y abajo todos los vecinos esperando que se realizara el hermoso encuentro entre las dueñas del ave que no resultaron ser más que dos gordas solteronas y viciosas del casino, fumadoras compulsivas y no un niño como imaginé tal vez pensando en mi y mi lora que se fue en la bolsa azul de plástico por el desagüe. Pero qué demonios estas señoras o señoritas querían volver a tener al que llamaban la alegría de su hogar, y eso es lo que todos esperábamos ver, bueno, incluso yo que no estuve allí, pero pasaron las horas y matías no bajaba, la gente dejó de esperar y empezaron a regresar a sus casas, y el esperado reencuentro no se dio. Eso fue el domingo, hoy martes, es común ver al loro matías en la palmera del parque de la iglesia, sus dueñas lo llaman, a lo que el contesta con un “nuncaaa nuncaaa” que nos hace reir a todos los que pasamos por el lugar, y hace que todo el mundo le grite matías!!! Sólo para escucharlo responder esas dos palabras, sobretodo porque las señoritas propietarias no tuvieron mejor idea que dejarle al pie de la palmera su jaula de 40cms de ancho x 30cms de alto, está bien, llena de choclos, lechugas y tomates, pero jaula de 40 x 30 al fin, con la firme esperanza de que o recapacite y vuelva a su cómodo hogar o que sea tan lorna que caiga en la trampa de la comida y vuelva a su jaula de 40 x 30, un reducido espacio para vivir, cantar, saltar y hacer todo lo que un loro que se respete quiere hacer en la vida, por eso luego de conversar con el tema con taxistas viejitos de esos que saben bastante o hablan bastante, me dijeron que es común ver en san borja, en el parque de la av. san borja norte o sur (no lo recuerdo) grandes bandadas de loros por las tardes, que son los loros fugados que se juntan y forman su comunidad.. q locaso.

Lo que me hace pensar que ahora que Matías ha probado la libertad y se pasea a sus anchas por el mundo, defecando por doquier, compartiendo con otras aves (quién sabe si loros igual que él pero seres con alas por lo menos) y comiendo los frutos de las palmeras del mismo parque, después de probar todo eso, por más loro que sea, para volver al encierro tendría que ser cojudo.

5 comentarios:

OKIPERU dijo...

Ese Mathias no regresa ni huevón. Además, es raro que esas gordas viciosas extrañen tanto al pájaro... ¿Porqué será?

Saludos Merme

darling dijo...

¿En serio contesta "nunca"? ¡Qué locooo!

Yo ha visto a esa bandada de loros fugados :)

En la calle Los Naranjos de San Isidro viven dos loros que cuando pasaba (quedada x mi ex-chamba) decían "guapa". Qué lindos, ¿no?

mermeladisima dijo...

te juro que contesta "nuncaaa" locaso no? oohh que loros tan galantes!! yo tb quiero ver esa bandada, me han hablado d ella pero nunca la llego a ver :(

Gabriela dijo...

JAJAJAJAJAJA...q buena historia..me encanto la parte de "defecando por dokier"


yo tambien he tenido mil mascotas...cuando mi hamter murio en serio no sabia q la keria tanto...era un buen hamster

http://zapadoresazules.blogspot.com/2007/08/la-palabra-de-hoy.html

Renzo dijo...

1. Mi loro (nunca bautizado) también era verde, con visos de plumas amarillas cuando le estirabas las alas.

2. Cuando arrugaba una bolsa (por ejemplo de fideos que hacía harta bulla) salía disparado de su jaula xq sabía q ese ruido significaba que le iba a dar un trocito de chocolate.

3. Le encantaba bajar de su jaula y caminar por el piso para tocar la puerta de mi cuarto (que está al costado del jardín) con su pico. Luego se subía sobre mi pecho para escuchar música clásica que salía de mi equipo.

4. Cuando envejeció sólo le gustaba estar en el hombro cabeceando.

5. Murió de viejito en mi manos hace varios años y creo que ha sido la única vez que lloré la muerte de alguién.

6. Compramos otros loros pero ninguno será jamás como mi pobnre lorito.

PS: Años después un loro vino y se metió solito en la jaula. Aún es un salvaje pero lo cuido de buena gana.